Veo un hombre sentado en uno de los bancos de madera que me encuentro a mi paso. Viejo, de rostro ajado y renegrido. Sus cabellos, una maraña blanca que parecen estar en plena riña encima de su cabeza. Barba blanquecina de varios días y osamenta canija y enjuta. Viste una camisa remangada de manga larga, a cuadros pequeños y en un tono difícil de definir ya que la mugre los eclipsa bastante, pero presupongo que en sus tiempos de agua y jabón serían malvas, o morados. Pantalones grisaceos. Lleva una pequeña mochila colgada a la espalda. De hecho, es lo primero que observo. Corvado sobre si mismo, veo como a duras penas alcanza sus zapatos con su mano derecha. Esos intentos trémulos e incesantes llaman mi atención. Me acerco más y descifro lo que lleva en su mano huesuda. Hostias. Pero si es un tubo de betún para acicalar zapatos. Entre estupefacta y maravillada me prendo de él. Me paro. El está embelesado en su labor.
Con que ternura mira sus zapatos impecables. Es un zapato de invierno, de cordones, negro, elegante, estilizado. Brillan relucientes, destellean en sus pies. Parece un guiño de complicidad entre ellos. Él los mima y ellos le ríen y le dan las gracias. Se contemplan y él sonrie. Es una sonrisa feucha, casi sin dientes y apenas labios, pero que desprende una ternura que me será imposible arrastrarla e incrustrarla en este post. Maravillosa…
Ilustración: Granada Arias ¿?





He entrado, todo en silencio y calma. No sé si te veo… está todo cubierto de negrura menos tu relato. Entra brisa por la ventana por la que he entrado, Me refresca…
Me ha encantado leerte de nuevo, me pregunto cómo lo haces? algún día me lo dirás… es bueno y me gusta, le viste de verdad, es un cuadro, es fruto de tu imaginación…
Me voy es tarde
Bona nit
Nero
Lo vi, un sintecho muy muy peculiar. Me hubiera encantado hablar con él, saber su historia, pero como soy una cortá. La verdad es que fue un mediodía raro, salí a hacer unas gestiones de trabajo y me lo encontré a él, y más adelante un gran pastel de chocolate, era grande, como de cumpleaños y le faltaba un pedazo generoso. Estaba no en la acera, en el descansillo de un local, sabes a lo que me refiero no? pues allí estaba abandonado a la buena de Dios. Tuve a mi mente distraida un buen rato, ya sabes…
Siempre fiel a tus letras… me encantan
Y yo siempre sorprendida y agradecida. Mil gracias Anabel. Un beso.