Ilustración: Nils Jorgensen
Sólo era un bobo dibujo en la pared, pero repentinamente su cuerpo se incomodó en la silla, las mejillas le ardieron, y el anillo dorado rodó inquieto en su dedo anular mientras esperaba a Gerardo.
Se concentró en la carta y la recorrió lentamente, pero aún siendo una sugestiva lista de prometedores y apetecibles bocados de chocolate no sirvieron para apagar la molesta luz que proyectaba la pared. No cesaba de echarle vistazos fugaces, inquietos. También a las manecillas adormecidas de su reloj, y a un anillo que seguía llamando poderosamente su atención. Se sentía tan extraña. Como si aquel corazón exaltado que bramaba en su pecho no fuera el suyo. No lograba ni reconocerlo ni apaciguarlo…
Gerardo era un buen amigo, habían quedado muchas otras veces, y no comprendía porqué esa insignificante pintura callejera la turbaba tanto. Sopesó cambiarse de mesa, pero decidió que no. ¡Faltaría más! masculló parapetada por las delicias de la chocolatería.
De vuelta por sus nombres le parecieron bastante más presuntuosos. Incluso algo arrogantes. Pensó que debía ser hombre el artífice de aquel despliegue de adjetivos pomposos. Por un momento hasta consiguió abstraerse fantaseando si el artista en cuestión sería tan estirado y presumido como su vocabulario, y que evidentemente, habiendo la posibilidad de que el resultado final no estuviera a la altura de semejante alarde, lo dejaría a la altura de fanfarrón, charlatán, o feriante de medio pelo. Hombres…-se dijo-
- ¿Daniela? – Le dijo una cara sonriente que atisbaba sorprendida por encima de la carta
- Hola María
La mirada curiosa de María se desliza por ella, la pared, la mesa, el local, y la pared otra vez -!Mierda!- piensa Daniela con el fuego abrasando sus mejillas y el anillo volteando desbocado en su dedo.
- ¿Esperas a Ricard?
- No, a Gerardo
- Ah. Bien. Pues le das recuerdos. Me voy que llego tarde a recoger a los niños. ¿Todo bien, no? añadió volviéndose cuando ya se alejaba
Le contestó con una forzada – quizá exagerada – sonrisa y un gesto afirmativo de la cabeza. Con la mano la despidió…Todo bien, sí. Claro. Se habían visto esa misma mañana, como todos los días. Trabajaban juntas. Y ahora me preguntaba “¿todo bien, no?” Lo achacó a la maldita pared, y al maldito, inoportuno, y bobo dibujo…
- Cucu. Dijo Gerardo ya acomodado en la silla y sonriéndole con una boca traviesa que le pareció nueva e incomprensiblemente cautivadora.
Antes de poder articular palabra se preguntó perpleja si siempre había sonreído así, y de dónde demonios habían salido todas aquellas mariposas…